Estás poniendo en marcha una actividad propia y aparece una invitación para dar una charla gratis. Te ofrecen visibilidad, contactos y la posibilidad de que alguien te contrate después. Puede tener sentido. Pero también puedes acabar preparando durante dos días una intervención que solo genere una foto y varios agradecimientos. Antes de aceptar, necesitas valorar qué función cumple esa actividad dentro de tu negocio. Trabajar gratis tiene un coste, aunque
Archivos de autor: Andrés Pérez Ortega

Te llega una propuesta que preferirías rechazar. El presupuesto es escaso, el plazo es absurdo y el cliente ya ha pronunciado esa frase tan prometedora: «Esto te dará mucha visibilidad». Sin embargo, aceptas. Necesitas facturar y este mes tienes poco margen para ponerte exquisito. Tu experiencia te permite reconocer un mal proyecto. Tu situación económica puede empujarte a aceptarlo igualmente. Por eso, gestionar tus finanzas influye en algo muy concreto:

Has explicado lo mismo tres veces esta semana. A un cliente, a un compañero y a alguien que te ha escrito con el clásico «tú que sabes de esto…». Has vuelto a ordenar las ideas, buscar un ejemplo y señalar los errores que conviene evitar. Quizá hayas terminado pensando que deberías grabarte. Y quizá tengas razón. En esas explicaciones puede haber material para una guía, una plantilla o un pequeño

Te preguntan a qué te dedicas y respondes con tu cargo, tu especialidad y los años que llevas trabajando. Añades alguna formación, mencionas los sectores que conoces y, si la conversación aguanta, explicas tu metodología. Todo es correcto. Sin embargo, la otra persona sigue sin saber en qué situación debería llamarte. Puede que recuerde que tienes un buen currículum. Incluso que le hayas caído bien. Pero le costará relacionarte con

Vas a publicar una opinión y te detienes. No porque hayas descubierto que es una tontería, algo que siempre conviene comprobar, sino porque dudas de si «encaja con tu marca». Te apetece explorar otra actividad, pero llevas años presentándote como especialista en la actual. Quieres cambiar de enfoque, aunque te preocupa despistar a quienes te siguen. Incluso empiezas a descartar intereses porque parecen poco coherentes con la imagen que has

Te ofrecen un proyecto que no te interesa demasiado. Las condiciones podrían ser mejores, el plazo parece diseñado por alguien que cree que no duermes y tienes ciertas dudas sobre la persona que lo dirige. Pero aceptas. No porque hayas cambiado de opinión, sino porque ahora mismo necesitas esa oportunidad. Puedes decir que no, claro. También puedes apagar la calefacción en enero. Tener permiso para hacer algo y disponer de

Tienes guardada una herramienta que podría ahorrarte trabajo. Has comprado un curso que quizá te permita ofrecer un nuevo servicio. Y llevas meses pensando en una idea que podría convertirse en otra fuente de ingresos. De momento, todo sigue donde estaba. La herramienta, en favoritos. El curso, pendiente. La idea, en esa carpeta mental titulada «cuando tenga tiempo», que debe de compartir servidor con «el lunes empiezo». Puedes estar muy

Llevas unas semanas publicando, has enviado varias propuestas y has hablado con algunos contactos. Has hecho más cosas para impulsar tu carrera que durante los seis meses anteriores. Sin embargo, el teléfono sigue bastante tranquilo. Empiezas a revisar tus decisiones. Quizá deberías cambiar de especialidad. O dirigirte a otro tipo de cliente. O abrir un canal distinto. Siempre hay alguien explicando que el futuro está precisamente donde tú todavía no

Tienes bastante claro lo que sabes hacer. Has pensado cómo quieres posicionarte, qué puedes aportar y a quién te gustaría llegar. Incluso has preparado una lista de temas para publicar, varias propuestas de colaboración y una presentación que empieza a tener más versiones que Blade Runner. Pero todo sigue en tu ordenador. Mientras tanto, los profesionales con los que te interesa trabajar continúan buscando soluciones. Preguntan a sus contactos, escuchan

Hay una forma de posponer lo importante que tiene bastante buena reputación: seguir trabajando. No parece que estés evitando nada porque estás ocupado. Revisas otra vez la presentación. Cambias dos párrafos del informe. Buscas una herramienta mejor. Retocas la propuesta. Haces otro curso antes de ofrecer el servicio. Preparas durante semanas una publicación que quizá podrías haber escrito en una tarde. Desde fuera, incluso puede parecer responsabilidad, rigor o compromiso
